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domingo, 25 de febrero de 2018
LA FIRMA DEL CID
EGO RUDERICO significa, en latín: “Yo, Rodrigo”. Así firmaba el caballero Rodrigo Díaz, el Cid. Esta firma en latín autentificaba su palabra en un sinfín de documentos que firmó a lo largo de su vida y obra.
El apodo EL CID viene del artículo español “EL”, que significa “el” y سيد árabe dialectal “sïdi” de la palabra o sayyid, que significa a “señor”.
SIDI nombre que le dieron al CId
El Cid constituye el paradigma ideal del caballero medieval, feroz en combate pero conciliador en el trato, leal, noble y valiente.
Cid o Sidi es una palabra de origen árabe que significa ‘señor‘, que usaba en referencia a los señores de ciertos Estados dependientes de un rey, por ejemplo a los señores de las taifas árabes.
Según cuenta un cronista hebreo llamado José Ben Zaddic, el valor de El Cid infundió tal respeto en los árabes, que comenzaron a llamarle "Sidi", que quiere decir señor o maestro. Así, el Sidi devino en Cid y más tarde, en Cid Campeador...
Las fuentes árabes del siglo XI y principios del XII lo llaman الكنبيطور <alkanbīṭūr> o القنبيطور <alqanbīṭūr>, o quizá (teniendo en cuenta la forma romance) Rudriq o Ludriq al-Kanbiyatur o al-Qanbiyatur (‘Rodrigo el Campeador’).
Según cuenta un cronista hebreo llamado José Ben Zaddic, el valor de El Cid infundió tal respeto en los árabes, que comenzaron a llamarle "Sidi", que quiere decir señor o maestro. Así, el Sidi devino en Cid y más tarde, en Cid Campeador...
Las fuentes árabes del siglo XI y principios del XII lo llaman الكنبيطور <alkanbīṭūr> o القنبيطور <alqanbīṭūr>, o quizá (teniendo en cuenta la forma romance) Rudriq o Ludriq al-Kanbiyatur o al-Qanbiyatur (‘Rodrigo el Campeador’).
ESTATUA DEL CID CAMPEADOR EN VALENCIA
Instalada en el año 1964, el grupo ecuestre es una donación de la escultora norteamericana Anna Hyatt
Huntington (1876-1973) a la ciudad de Valencia. La obra original en bronce data del año 1927 y está situada en el jardín
de la "The Hispanic Society of America" (Nueva York) fundación creada por Archer Milton Huntington, esposo de la
escultora.
La escultora realizó una replica de esta escultura para la ciudad de Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, y de esta obra el escultor Juan de Avalos realizó la obra que ahora tenemos en nuestra ciudad.
Se trata de una escultura en bronce de 507 cm. de altura, que se alza sobre un gran pedestal en cuyos lados lleva dos inscripciones:
Una de ellas dice: RODRIGO SIT / DIEGVEC DIT / CAMPEADOR / SEGUR SENYOR / MENTRES VIXQUE/ L'Espill. Jaume Roig. 1460.
La otra dice: TODO EL BIEN QUE YO HE, TODO LO TENGO DELANT / CON AFAN GANE A VALENCIA, E ELA POR HEREDAD / A MENOS DE MVERT NO LA PVODO DEXAR / GRADO AL CRIADOR E A SANTA MARIA MADRE / MIS FIJAS E MI MVGER QVE LAS TENGO ACA / CANTAR DE MIO CID
En el frontal del pedestal bajo el escudo de la ciudad dice: A RUY DIAZ DE VIVAR (VIVAR 1043 - VALENCIA 1099).
Lo que muy poca gente sabe, es que esta obra, que
podría ser “pareja” de Jaime I en el Parterre, es una copia que
hizo Juan de Avalos de la que esculpió la escultora norteamericana Anna Hyatt
Hungtinton para regalársela a su esposo, el gran hispanista Archer Milton
Hungtinton, fundador de la Hispanic Society, amigo de Sorolla, al que encargó
la serie inmortal de las regiones españolas y creador de un museo maravilloso
en el Harlem neoyorquino en cuya puerta en la plaza de Audubon Terrace podemos
ver ésta estatua. Y desde el 3 de marzo de 1964, como observamos en la
fotografía, El Cid entró, una vez más, triunfante, en la ciudad del Turia, y
bajo el sol valenciano, sobre su pedestal, está arengándonos para seguir
adelante, a qué persigamos los sueños y defender nuestros ideales.
La escultora realizó una replica de esta escultura para la ciudad de Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, y de esta obra el escultor Juan de Avalos realizó la obra que ahora tenemos en nuestra ciudad.
Se trata de una escultura en bronce de 507 cm. de altura, que se alza sobre un gran pedestal en cuyos lados lleva dos inscripciones:
Una de ellas dice: RODRIGO SIT / DIEGVEC DIT / CAMPEADOR / SEGUR SENYOR / MENTRES VIXQUE/ L'Espill. Jaume Roig. 1460.
La otra dice: TODO EL BIEN QUE YO HE, TODO LO TENGO DELANT / CON AFAN GANE A VALENCIA, E ELA POR HEREDAD / A MENOS DE MVERT NO LA PVODO DEXAR / GRADO AL CRIADOR E A SANTA MARIA MADRE / MIS FIJAS E MI MVGER QVE LAS TENGO ACA / CANTAR DE MIO CID
En el frontal del pedestal bajo el escudo de la ciudad dice: A RUY DIAZ DE VIVAR (VIVAR 1043 - VALENCIA 1099).
1964 - Hoy, 15 de junio, hace 920 años que el Cid entrara
triunfante en la ciudad de Valencia. No solo fue una gran gesta de este
caballero castellano, sino que quizás uno de los momentos más importantes de
nuestra historia. Una muestra de fortaleza, de hacer realidad los sueños y
cumplir con todos los objetivos fijados. Todo un ejemplo.
Por eso, tal figura, merecía tener una estatua que
conmemorase tal hazaña; y nosotros los valencianos, decidimos darle un lugar de
honor en la Gran Vía de Ramón y Cajal rodeado de un pequeño jardín, sobre un
alto pedestal de piedra que, siguiendo la ley de la estatuaria equina, se
muestra un Cid Campeador que falleció tras las heridas ante las puertas de
Valencia, con un aire triunfal levantando el estandarte de su ejército, sobre
un magnifico caballo con un gran dinamismo. El poderío de Babieca que llevó
sobre sus lomos a su señor después de muerto hacia la victoria y la leyenda.
El ciego sol, la sed y la fatiga,
por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
–polvo, sudor y hierro– el Cid cabalga.
por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
–polvo, sudor y hierro– el Cid cabalga.
domingo, 8 de octubre de 2017
domingo, 2 de julio de 2017
TUMBA DE EL CID CAMPEADOR EN BURGOS
¿Dónde está enterrado el Cid?
Para entender dónde está enterrado el Cid
hay que tener en cuenta que sus restos mortales han viajado por media Europa.
Inicialmente, el Cid fue
enterrado en la Catedral de Valencia pero en el año 1102 su viuda,
Doña Jimena, decidió trasladar su cuerpo al monasterio burgalés de San
Pedro de Cardeña –muy importante para la familia- porque la ciudad
corría el riesgo de ser tomada por los almorávides y quería evitar el expolio
de su tumba. Dos años más tarde la propia Jimena fue enterrada también en un
nicho junto al altar mayor de San Pedro de Cardeña.
A partir del siglo XIII, los huesos del Cid y los de Doña Jimena ocuparon
distintos lugares dentro del Monasterio: en 1272 Alfonso X mandó construir un
sepulcro de piedra para el Cid, que se colocó –junto a una caja de madera
policromada para Doña Jimena- en el centro de la iglesia.
En 1447 se derriba la iglesia románica de
San Pedro de Cardeña para construir otra gótica, así que los sepulcros fueron
removidos y los del Cid y Doña Jimena se trasladan frente a la sacristía.
En 1541, nuevas obras obligan a mover los huesos del Cid al altar mayor y a Doña Jimena
al claustro de San Pedro de Cardeña.
En 1736 se construye la Capilla de San
Sisebuto, a la que se mueven los sepulcros del Cid, Doña Jimena y varios
familiares y conocidos.
¿Y cómo llega el cuerpo del Cid a la
Catedral de Burgos? Porque es ahí donde hoy está enterrado
el Cid… O parte de él. Porque a las idas y venidas por el interior
de San Pedro de Cardeña hay que sumar el expolio que las tropas de
Napoleón realizaron en el monasterio en 1808. Los soldados franceses
se llevaron todo lo que encontraron de valor, incluidos varios huesos cidianos,
porque conocían su leyenda y los consideraron objeto de coleccionismo. Los
huesos que se salvaron del saqueo se llevaron al Espolón de Burgos. Expulsados
los galos, regresaron al Monasterio, de donde volvieron a salir durante los
procesos de desamortización.
En 1921, los huesos del Cid –o los que se
le atribuyeron- fueron enterrados en el crucero de la Catedral de Burgos.
Aunque algunos huesos se recuperaron en el siglo XIX, se sabe que todavía hay
varias piezas repartidas por Europa.
La tumba del Cid en la Catedral de Burgos
La tumba del Cid en la Catedral de
Burgos, uno de los lugares que
ver si pasas un día en Burgos, está ubicada en el crucero
del templo pero no destaca por nada. De hecho, sólo está señalada por una
lápida grabada, rodeada por un cordón rojo. En la lápida se puede leer, en
latín, su nombre de pila, la fecha de su muerte y la leyenda ‘Regali genere
nata’.
En el interior de la Catedral de Burgos,
la primera catedral gótica de la Península Ibérica, se conserva también el
llamado ‘Arcón del Cid‘, que supuestamente utilizó el Campeador,
aunque todo parece indicar que fue utilizado para conservar documentos del
cabildo.
Investiga esta página https://elretohistorico.com/muerte-cid/ donde podrás descubrir que los restos del Cid están por muchos sitios.
domingo, 4 de junio de 2017
domingo, 4 de diciembre de 2016
martes, 8 de marzo de 2016
SALVOCONDUCTO DE LA RUTA DEL CID
¿Qué es el salvoconducto?
El Salvoconducto es la credencial de los viajeros del Camino del Cid. Aquí reciben los sellos de las diferentes localidades de la ruta. El salvoconducto recuerda el documento que durante la Edad Media se utilizaba para asegurar el paso libre y seguro de viajeros y mercancías. De modo alegórico, el Cid concede ahora ese paso seguro a los viajeros del siglo XXI a lo largo de todo el Camino.
¿Para qué sirve el salvoconducto?El Salvoconducto es gratuito. ¿Para qué sirve?:
- Es un bonito recuerdo de tu paso por el Camino del Cid; los sellos son muy demandados. La colección ha sido diseñada por Julián de Velasco.
- El Salvoconducto ofrece descuentos aproximados del 10% (sobre el servicio principal del alojamiento) en más de un centenar de alojamientos del Camino del Cid.
- Si tienes más de cuatro sellos de cada una de las ocho provincias de la ruta, obtendrás gratis el documento acreditativo del Camino del Cid.
- Con el salvoconducto puedes acceder a algunas promociones puntuales, como por ejemplo, el regalo de una chapa cuando te emiten tu salvoconducto.
¿Cómo puedes conseguir tu salvoconducto?El salvoconducto se expide en la sede del Consorcio y en otros 82 puntos de la ruta, en su mayoría oficinas de turismo. Es gratuito, para conseguirlo sólo tienes que solicitarlo:
- por correo, a nuestra sede
- o pedirlo personalmente, en cualquiera de los lugares donde se dispensa.
¿Dónde se sella el salvoconducto?Actualmente el salvoconducto se sella en 170 localidades de la ruta. Cada localidad posee un sello diferente. En general los puntos de sellado son oficinas de turismo aunque en ocasiones hay terceros tipos de establecimientos turísticos, como los alojamientos.
Si quieres saber dónde sellar tu salvoconducto pincha en la columna de la derecha y accede al listado desde la zona de descargas (puedes descargarte el listado en pdf o imprimirlo). También puedes descargarte la aplicación para teléfonos móviles del Camino del Cid que te dice los lugares de sellado en cada población. Más información sobre la aplicación móvil, pincha aquí.
¿Qué alojamientos ofrecen descuentos del 10%?Todos los alojamientos que sellan el salvoconducto ofrecen descuentos a sus clientes de aproximadamente el 10% en sus servicios más característicos. Para saber qué alojamientos sellan, pincha en el listado de la zona de descargas que aparece a la derecha o bien pincha en el buscador de servicios y activa la casilla "Sellado". Muchos de estos establecimientos tienen como distintivo en su local una cerámica con nuestra corneja.
¿Cómo puedes conseguir el documento acreditativo del Camino del Cid?Este documento acredita haber recorrido el Camino del Cid. Para obtenerlo es necesario estampar al menos cuatro sellos oficiales por provincia. Por supuesto puedes sellar el salvoconducto en las localidades y establecimientos que quieras con independencia de que posean o no el sello oficial, pero para obtener el documento acreditativo sólo se tendrán en cuenta los sellos oficiales. Una vez tengas consigas los 32 sellos sólo tienes que mostrarlo a alguna de las Oficinas de Turismo de la ruta y ellas actuarán como notarios del documento. Dales tus datos personales (nombre y apellidos, dirección, localidad, provincia y teléfono) y ellos se encargarán de avisarnos. De esta forma, nosotros te remitiremos el diploma que te acreditará como viajero del Camino del Cid.
¿Por qué hemos elegido la corneja?En el Salvoconducto aparece un nuevo "personaje" asociado al Cid y al Cantar: la corneja. La corneja tiene un papel muy especial en el Cantar de Mío Cid. En su verso 11 dice "A la salida de Vivar tuvieron la corneja a la derecha". El vuelo de la corneja, dependiendo de su dirección, era tomado como un augurio. Para los viajeros, como lo fue para el Cid, la corneja es símbolo de buena suerte en el caminar, por eso queremos que esté presente en la ruta. Además, es un ave que puedes ver sin dificultad a lo largo de todo el itinerario, y seguro que muchos de los viajeros que hagan el Camino la tendrán como compañera en buena parte del viaje.
¡Buen viaje y buena suerte!
http://www.caminodelcid.org/
domingo, 14 de febrero de 2016
EL MINISTERIO DEL TIEMPO
un nuevo caso debe de ser resuelto: el hallazgo de unos restos fechados que supuestamente pertenecen a El Cid Campeador. El
problema es ya existen otros restos pertenecientes a tan insigne
personaje que reposan en la catedral de Burgos. ¿Acaso hay dos Cid? ¿O
uno es verdadero y el otro el falso? Amelia y Alonso se dirigen al sigo
XI para descubrirlo.
lunes, 23 de noviembre de 2015
EL CID CAMPEADOR, LA LEYENDA DE LA RECONQUISTA
El Cid Campeador, LA LEYENDA DE LA RECONQUISTA CONTRA LOS MOROS, (Versión Española Medieval Cristiana de History Channel).
El Héroe Caballero Medieval Cristiano que fue el guerrero más temido y odiado por los moros, famoso por sus batallas jamás fue vencido en ninguna, conquistador de Valencia y el sitio de Toledo, la historia lo ensalza como el héroe de la Reconquista Española, según la leyenda El Cid ganó batallas después de muerto con su solo la presencia de su cuerpo embalsamado cabalgando en su caballo Babieca.
Los historiadores confusos y extranjeros quieren arrebatar la figura de El Cid Campeador como un héroe español cristiano de la Reconquista a los moros, dando por válidas las fuentes y documentos árabes escritos 200 años después de su muerte justo cuando Fernando III conquista Córdoba, Sevilla y Cádiz y ponen en duda el Cantar del Mío Cid y los documentos cristianos de la misma época que vivió El Cid, hasta el Cid palabra visigoda intentan darle significado del árabe, en fin una panda de impresentables.
En el cine se ha llevado la figura del Cid con superproducciones como la 1961 con Chalrton Heston o en dibujos animados con la versión oficial contra los moros https://www.youtube.com/watch?v=_Aav1... en 2003, en 2014 se prepara UNA SUPERPRODUCCIÓN DE HOLLYWOOD QUE SE ESTRENARÁ EN 2016 EL CID LA LEYENDA CON RUSSELL CROWE, QUE YA HIZO DE HISPANO EN GLADIATOR Y NUESTRA PILAR LÓPEZ DE AYALA (JUANA LA LOCA) COMO DOÑA JIMENA Y EL MUNDO CONOCERÁ LA VERDADERA HISTORIA CRISTIANA DE ESTE LEGENDARIO CABALLERO CONTRA LOS MOROS CON EL DIRECTOR RIDLEY SCOTT.
EL CID
A partir del año 1090, el campeador comenzó a llevar acciones por todo el levante a único título personal, sin el mandato de nadie. Tras saquear este Denia, la taifa de Lérida se vuelve a aliar con Berenguer II de Barcelona contra el Cid, y este nuevamente les derrota en una batalla en Morella. Consigue que los aliados catalanes renuncien a sus intereses en levante, y Rodrigo se convierte en un protector que cobra tributo a una decena de taifas del levante, entre ellas Valencia, Tortosa, Sagunto o Denia.
Dado el poder del campeador, Alfonso VI se alía con Sancho de Aragón, Berenguer II de Barcelona y algunos estados italianos para asaltar las taifas levantinas y arrebatarle su poder, pero fracasan. Rodrigo en represalia, saquea La Rioja en un nuevo conflicto de intereses personales.
En el año 1093, el Cid lanza finalmente una ofensiva contra la ciudad de Valencia, a la que accede tras ser sitiada durante un año. Se proclama a sí mismo "Princeps Rodericus Campidoctor" creando un señorío hereditario aparte de la realeza. Comienzan así unos años turbulentos en los que el Cid se alía con el nuevo rey Pedro I de Aragón, y el nuevo Conde de Barcelona, Ramón Berenguer III. Juntos libran muchas batallas contra los mahometanos, como las de Cuarte y Bairén, de las que salen victoriosos. La unión del Cid con la realeza se hace patente, pues su hija Cristina es casada con un infante de Pamplona, y su hija María hace lo propio con el Conde de Barcelona, haciendo así a Rodrigo ancestro de varios reyes posteriores de la península.
En julio de 1099 el príncipe Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, fallece en la ciudad de Valencia. Su esposa doña Jimena, ahora Señora de Valencia, logra mantener sus dominios durante unos años más, con la ayuda de su yerno R. Berenguer III. Finalmente, dado el fuerte empuje de las tropas almorávides, todo el séquito del difunto Cid, abandona Valencia en el año 1102, que con el socorro del amigo y enemigo rey de León y Castilla Alfonso VI, les facilita el traslado a Burgos, donde el Cid es enterrado.
Las leyendas en torno a esta gran figura se han sucedido durante siglos. Pronto algunos manuscritos de la época narraron todas sus gestas, en documentos tan conocidos como el Cantar de Mio Cid, o la Historia Roderici. Famosos se hicieron su inseparable caballo Babieca, o sus triunfales espadas Tizona y Colada.
Dicen las leyendas que tan temido fue este caballero, que incluso despues de muerto fue embalsamado y montado a caballo por sus tropas, ya que al verle sus enemigos huían, pues temían enfrentarse a él. Tal es su leyenda que se suceden por España los topónimos con el apelativo "del Cid", como varias poblaciones y montañas de las provincias de Burgos, Castellón y Alicante.
El Cid, don Rodrigo y su esposa doña Jimena, descansan hoy día en la Catedral de Burgos.
domingo, 6 de julio de 2014
EL CID EN TEXTOS HISTÓRICOS
Las fuentes árabes
Quizá resulte paradójico, pero los textos más antiguos sobre la figura de Rodrigo el Campeador son los árabes, que (nueva paradoja) nunca se refieren a él mediante el título de Sídi en la veintena de obras en que se lo menciona. Nada de ello debe extrañar. En la Península Ibérica, durante la Alta Edad Media, la literatura se cultivaba mucho más en árabe que en latín o en las lenguas romances. Particularmente, el siglo XI es uno de sus períodos más florecientes en Alandalús, tanto en su vertiente poética como histórica. Por lo que hace al tratamiento de Sídi, dos razones explican su ausencia de los textos árabes: que era un término tradicionalmente reservado a los gobernantes musulmanes y que las referencias al Cid en ellos son ante todo negativas. Pese a reconocer alguna de sus grandes cualidades, el Campeador era para ellos un tagiya «tirano», la‘in «maldito» e incluso kalb ala‘du «perro enemigo», y si escriben sobre él es por el gran impacto que causó en su momento la pérdida de Valencia. En tales circunstancias, ya es asombroso que Ben Bassam en la tercera parte de su Dajira o Tesoro (escrita hacia 1110) dijese de él que «era este infortunio [es decir, Rodrigo] en su época, por la práctica de la destreza, por la suma de su resolución y por el extremo de su intrepidez, uno de los grandes prodigios de Dios», si bien «prodigio» aquí no se toma del todo en buena parte. Este autor es uno de los que se ocupan en árabe más extensamente del Cid, de quien refiere varias anécdotas transmitidas por testigos presenciales. A esta última categoría pertenecen los autores de las obras más antiguas sobre el Campeador, hoy conocidas sólo por vías indirectas: la Elegía de Valencia del alfaquí y poeta Alwaqqashí (muerto en 1096), compuesta durante la fase más dura del cerco de la ciudad (seguramente a principios de 1094), el Manifiesto elocuente sobre el infausto incidente, una historia del dominio del Campeador escrita entre 1094 y 1107 por el escritor valenciano Ben Alqama (1037-1115) y otra obra sobre el mismo tema, cuyo título desconocemos, de Ben Alfaray, visir del rey Alqadir de Valencia en vísperas de la conquista cidiana. Estas dos obras, citadas o resumidas por diversos autores posteriores, son la base de casi todas las referencias árabes al Cid, que llegan hasta el siglo XVII.
Las fuentes cristianas. Los textos medievales
Mucho se ha especulado sobre la posible existencia de cantos noticieros sobre el Campeador; se trataría de breves poemas que desde sus mismos días habrían divulgado entre el pueblo, ávido de noticias, las hazañas del caballero burgalés. La verdad es que ningún apoyo firme hay al respecto y lo único seguro es que los textos cristianos más antiguos que tratan de Rodrigo son ya del siglo XII y están en latín. El primero, ya citado, es el Poema de Almería (1147-1148), que cuenta la conquista de dicha ciudad por Alfonso VII y donde, a modo de inciso, se realiza una breve alabanza de nuestro héroe según la cual, como se ha visto, se cantaba que nunca había sido vencido. Esta alusión ha hecho pensar que por estas fechas ya existía el Cantar de mio Cid o, al menos, un antepasado suyo, pero (tal y como he explicado) tal expresión parece querer decir solamente “es fama que nunca fue vencido”. Frente a este aislado testimonio a mediados del siglo XII, a finales del mismo asistimos a una auténtica eclosión de literatura cidiana. El detonante parece haber sido la composición, hacia 1180 y quizá en La Rioja, de la Historia Roderici, una biografía latina del Campeador en que se recogen y ordenan los datos disponibles (seguramente a través de la historia oral) sobre la vida del héroe. Basada parcialmente en ella, pero dando cabida a componentes mucho más legendarios sobre la participación de Rodrigo en la batalla de Golpejera y en el cerco de Zamora, está la Crónica Najerense, redactada en Nájera (como su propio nombre indica) entre 1185 y 1194. Muy poco después se compondría la primera obra en romance, el Linaje de Rodrigo Díaz, un breve texto navarro que hacia 1094 ofrece una genealogía del héroe y un resumen biográfico basado en la Historia y en la Crónica. También por esas fechas y a partir de las mismas obras se compuso un poema latino que, en forma de himno, destaca las principales batallas campales de Rodrigo, el Carmen Campidoctoris. Ya en pleno siglo XIII, los historiadores latinos Lucas de Tuy, en su Chronicon mundi (1236), y Rodrigo Jiménez de Rada, en su Historia de rebus Hispanie (1243), harán breves alusiones a las principales hazañas del Campeador, en particular la conquista de Valencia, mientras que (ya en la segunda mitad del siglo) Juan Gil de Zamora, en sus obras Liber illustrium personarum y De Preconiis Hispanie, dedicó sendos capítulos a la vida de Rodrigo Díaz, y lo mismo hará, ya a principios del siglo XIV, el obispo de Burgos Gonzalo de Hinojosa en sus Chronice ab origine mundi.
Los textos latinos dieron carta de naturaleza literaria al personaje del Cid, pero serían las obras vernáculas las que lo consagrarían definitivamente, proyectándolo hacia el futuro. El núcleo fundacional de dicha producción lo forman los cantares de gesta del ciclo cidiano. Se trata básicamente de tres poemas épicos (algunos con varias versiones) que determinarán de ahí en adelante otros tantos bloques temáticos: las Mocedades de Rodrigo, que cuentan una versión completamente ficticia de su matrimonio con doña Jimena (tras haber matado en duelo a su padre) y sus hazañas juveniles (que incluyen una invasión de Francia); el Cantar de Sancho II, en el que se narra el cerco de Zamora y la muerte de don Sancho a manos de Vellido Dolfos, y el ya analizado Cantar de mio Cid. El más antiguo y el principal es éste último, redactado hacia 1200, como ya se ha visto; le siguen el Cantar de Sancho II, que se compuso seguramente en el siglo XIII y se conoce sólo de forma indirecta, y las Mocedades de Rodrigo, que presentaron una primera versión (hoy perdida) en torno a 1300 y otra (que sí ha llegado hasta nosotros) de mediados del siglo XIV. A ellos han de añadirse tres poemas breves, uno conservado, el Epitafio épico del Cid (quizá hacia 1400), que es un breve texto en verso épico de catorce versos en el que se resume la carrera heroica del Campeador, y dos perdidos y quizá algo más largos, pero de existencia discutida: La muerte del rey Fernando (o La partición de los reinos) y La jura en Santa Gadea, ambos posiblemente de finales del siglo XIII y al parecer concebidos como puente entre los tres cantares extensos ya citados, para crear una sólo y extensa biografía épica del Cid.
Los poemas que acabamos de dar por perdidos en realidad no lo están del todo, pues todos ellos se conservan en forma de relato en prosa. Esto ha sido posible porque a finales del siglo XIII, cuando Alfonso X el Sabio planificó su Estoria de España (hacia 1270), sus colaboradores decidieron incluir entre sus fuentes de información versiones prosificadas de los principales cantares de gesta. Gracias a ello hoy no sólo sabemos de su existencia y conocemos su argumento, sino que nos han llegado íntegros algunos versos suyos, si bien es muy peligroso ponerse a reconstruir los poemas a partir de las redacciones en prosa. La parte relativa al Cid en la versión primitiva alfonsí de la Estoria de España no se ha conservado, y es bastante probable que no alcanzase una redacción definitiva, aunque al menos la parte previa a la conquista de Valencia se hallaba casi concluida. No obstante, se han conservado dos reelaboraciones posteriores que sí contienen dicha parte. Una de ellas es la “versión crítica”, una revisión de la Estoria mandada hacer por el propio Alfonso X al final de su reinado (hacia 1282-1284) y que se ha perpetuado en la Crónica de Veinte Reyes. La otra es la “versión sanchina o amplificada”, realizada bajo el reinado de Sancho IV y concluida en 1289, y bien conocida gracias a la edición de Menéndez Pidal, bajo el título de Primera Crónica General.
La tendencia a prosificar cantares de gesta se mantuvo en los historiógrafos que siguieron el modelo de Alfonso X, por lo cual sus obras son denominadas crónicas alfonsíes: la Crónica de Castilla (hacia 1300), la Traducción Gallega (poco posterior), la Crónica de 1344 (redactada en portugués, traducida al castellano y luego objeto de una segunda versión portuguesa hacia 1400), la Crónica Particular del Cid (del siglo XV, publicada por vez primera en Burgos en 1512) y la Crónica Ocampiana (publicada por Florián de Ocampo, cronista de Carlos V, en 1541). Las dos versiones, crítica y sanchina, de la Estoria de España prosifican La muerte del rey Fernando, el Cantar de Sancho II y el Cantar de mio Cid, a los cuales las posteriores crónicas alfonsíes añaden La jura en Santa Gadea y la versión primitiva de las Mocedades de Rodrigo. Por ejemplo, de esta última se han conservado casi intactos algunos pares de versos, como: «E hízole caballero en esta guisa, ciñéndole la espada / y diole paz en la boca, mas no le dio pescozada» (es decir, que le dio el beso de paz, pero no el espaldarazo) o «que nunca se viese con ella en yermo ni en poblado, / hasta que venciese cinco lides en campo».
Quizá resulte paradójico, pero los textos más antiguos sobre la figura de Rodrigo el Campeador son los árabes, que (nueva paradoja) nunca se refieren a él mediante el título de Sídi en la veintena de obras en que se lo menciona. Nada de ello debe extrañar. En la Península Ibérica, durante la Alta Edad Media, la literatura se cultivaba mucho más en árabe que en latín o en las lenguas romances. Particularmente, el siglo XI es uno de sus períodos más florecientes en Alandalús, tanto en su vertiente poética como histórica. Por lo que hace al tratamiento de Sídi, dos razones explican su ausencia de los textos árabes: que era un término tradicionalmente reservado a los gobernantes musulmanes y que las referencias al Cid en ellos son ante todo negativas. Pese a reconocer alguna de sus grandes cualidades, el Campeador era para ellos un tagiya «tirano», la‘in «maldito» e incluso kalb ala‘du «perro enemigo», y si escriben sobre él es por el gran impacto que causó en su momento la pérdida de Valencia. En tales circunstancias, ya es asombroso que Ben Bassam en la tercera parte de su Dajira o Tesoro (escrita hacia 1110) dijese de él que «era este infortunio [es decir, Rodrigo] en su época, por la práctica de la destreza, por la suma de su resolución y por el extremo de su intrepidez, uno de los grandes prodigios de Dios», si bien «prodigio» aquí no se toma del todo en buena parte. Este autor es uno de los que se ocupan en árabe más extensamente del Cid, de quien refiere varias anécdotas transmitidas por testigos presenciales. A esta última categoría pertenecen los autores de las obras más antiguas sobre el Campeador, hoy conocidas sólo por vías indirectas: la Elegía de Valencia del alfaquí y poeta Alwaqqashí (muerto en 1096), compuesta durante la fase más dura del cerco de la ciudad (seguramente a principios de 1094), el Manifiesto elocuente sobre el infausto incidente, una historia del dominio del Campeador escrita entre 1094 y 1107 por el escritor valenciano Ben Alqama (1037-1115) y otra obra sobre el mismo tema, cuyo título desconocemos, de Ben Alfaray, visir del rey Alqadir de Valencia en vísperas de la conquista cidiana. Estas dos obras, citadas o resumidas por diversos autores posteriores, son la base de casi todas las referencias árabes al Cid, que llegan hasta el siglo XVII.
Las fuentes cristianas. Los textos medievales
Mucho se ha especulado sobre la posible existencia de cantos noticieros sobre el Campeador; se trataría de breves poemas que desde sus mismos días habrían divulgado entre el pueblo, ávido de noticias, las hazañas del caballero burgalés. La verdad es que ningún apoyo firme hay al respecto y lo único seguro es que los textos cristianos más antiguos que tratan de Rodrigo son ya del siglo XII y están en latín. El primero, ya citado, es el Poema de Almería (1147-1148), que cuenta la conquista de dicha ciudad por Alfonso VII y donde, a modo de inciso, se realiza una breve alabanza de nuestro héroe según la cual, como se ha visto, se cantaba que nunca había sido vencido. Esta alusión ha hecho pensar que por estas fechas ya existía el Cantar de mio Cid o, al menos, un antepasado suyo, pero (tal y como he explicado) tal expresión parece querer decir solamente “es fama que nunca fue vencido”. Frente a este aislado testimonio a mediados del siglo XII, a finales del mismo asistimos a una auténtica eclosión de literatura cidiana. El detonante parece haber sido la composición, hacia 1180 y quizá en La Rioja, de la Historia Roderici, una biografía latina del Campeador en que se recogen y ordenan los datos disponibles (seguramente a través de la historia oral) sobre la vida del héroe. Basada parcialmente en ella, pero dando cabida a componentes mucho más legendarios sobre la participación de Rodrigo en la batalla de Golpejera y en el cerco de Zamora, está la Crónica Najerense, redactada en Nájera (como su propio nombre indica) entre 1185 y 1194. Muy poco después se compondría la primera obra en romance, el Linaje de Rodrigo Díaz, un breve texto navarro que hacia 1094 ofrece una genealogía del héroe y un resumen biográfico basado en la Historia y en la Crónica. También por esas fechas y a partir de las mismas obras se compuso un poema latino que, en forma de himno, destaca las principales batallas campales de Rodrigo, el Carmen Campidoctoris. Ya en pleno siglo XIII, los historiadores latinos Lucas de Tuy, en su Chronicon mundi (1236), y Rodrigo Jiménez de Rada, en su Historia de rebus Hispanie (1243), harán breves alusiones a las principales hazañas del Campeador, en particular la conquista de Valencia, mientras que (ya en la segunda mitad del siglo) Juan Gil de Zamora, en sus obras Liber illustrium personarum y De Preconiis Hispanie, dedicó sendos capítulos a la vida de Rodrigo Díaz, y lo mismo hará, ya a principios del siglo XIV, el obispo de Burgos Gonzalo de Hinojosa en sus Chronice ab origine mundi.
Los textos latinos dieron carta de naturaleza literaria al personaje del Cid, pero serían las obras vernáculas las que lo consagrarían definitivamente, proyectándolo hacia el futuro. El núcleo fundacional de dicha producción lo forman los cantares de gesta del ciclo cidiano. Se trata básicamente de tres poemas épicos (algunos con varias versiones) que determinarán de ahí en adelante otros tantos bloques temáticos: las Mocedades de Rodrigo, que cuentan una versión completamente ficticia de su matrimonio con doña Jimena (tras haber matado en duelo a su padre) y sus hazañas juveniles (que incluyen una invasión de Francia); el Cantar de Sancho II, en el que se narra el cerco de Zamora y la muerte de don Sancho a manos de Vellido Dolfos, y el ya analizado Cantar de mio Cid. El más antiguo y el principal es éste último, redactado hacia 1200, como ya se ha visto; le siguen el Cantar de Sancho II, que se compuso seguramente en el siglo XIII y se conoce sólo de forma indirecta, y las Mocedades de Rodrigo, que presentaron una primera versión (hoy perdida) en torno a 1300 y otra (que sí ha llegado hasta nosotros) de mediados del siglo XIV. A ellos han de añadirse tres poemas breves, uno conservado, el Epitafio épico del Cid (quizá hacia 1400), que es un breve texto en verso épico de catorce versos en el que se resume la carrera heroica del Campeador, y dos perdidos y quizá algo más largos, pero de existencia discutida: La muerte del rey Fernando (o La partición de los reinos) y La jura en Santa Gadea, ambos posiblemente de finales del siglo XIII y al parecer concebidos como puente entre los tres cantares extensos ya citados, para crear una sólo y extensa biografía épica del Cid.
Los poemas que acabamos de dar por perdidos en realidad no lo están del todo, pues todos ellos se conservan en forma de relato en prosa. Esto ha sido posible porque a finales del siglo XIII, cuando Alfonso X el Sabio planificó su Estoria de España (hacia 1270), sus colaboradores decidieron incluir entre sus fuentes de información versiones prosificadas de los principales cantares de gesta. Gracias a ello hoy no sólo sabemos de su existencia y conocemos su argumento, sino que nos han llegado íntegros algunos versos suyos, si bien es muy peligroso ponerse a reconstruir los poemas a partir de las redacciones en prosa. La parte relativa al Cid en la versión primitiva alfonsí de la Estoria de España no se ha conservado, y es bastante probable que no alcanzase una redacción definitiva, aunque al menos la parte previa a la conquista de Valencia se hallaba casi concluida. No obstante, se han conservado dos reelaboraciones posteriores que sí contienen dicha parte. Una de ellas es la “versión crítica”, una revisión de la Estoria mandada hacer por el propio Alfonso X al final de su reinado (hacia 1282-1284) y que se ha perpetuado en la Crónica de Veinte Reyes. La otra es la “versión sanchina o amplificada”, realizada bajo el reinado de Sancho IV y concluida en 1289, y bien conocida gracias a la edición de Menéndez Pidal, bajo el título de Primera Crónica General.
La tendencia a prosificar cantares de gesta se mantuvo en los historiógrafos que siguieron el modelo de Alfonso X, por lo cual sus obras son denominadas crónicas alfonsíes: la Crónica de Castilla (hacia 1300), la Traducción Gallega (poco posterior), la Crónica de 1344 (redactada en portugués, traducida al castellano y luego objeto de una segunda versión portuguesa hacia 1400), la Crónica Particular del Cid (del siglo XV, publicada por vez primera en Burgos en 1512) y la Crónica Ocampiana (publicada por Florián de Ocampo, cronista de Carlos V, en 1541). Las dos versiones, crítica y sanchina, de la Estoria de España prosifican La muerte del rey Fernando, el Cantar de Sancho II y el Cantar de mio Cid, a los cuales las posteriores crónicas alfonsíes añaden La jura en Santa Gadea y la versión primitiva de las Mocedades de Rodrigo. Por ejemplo, de esta última se han conservado casi intactos algunos pares de versos, como: «E hízole caballero en esta guisa, ciñéndole la espada / y diole paz en la boca, mas no le dio pescozada» (es decir, que le dio el beso de paz, pero no el espaldarazo) o «que nunca se viese con ella en yermo ni en poblado, / hasta que venciese cinco lides en campo».
sábado, 3 de noviembre de 2012
viernes, 2 de septiembre de 2011
EL CID
EL CID
1048 El nacimiento del Cid
Sobre el lugar de nacimiento de Rodrigo Díaz no hay ninguna duda: Vivar. El Cid es de Vivar. Sin embargo no existe ninguna referencia a la fecha de su nacimiento:
Menendez Pidal propone 1043
Ubieto Arteta habla de 1054-1060
Gonzalo Martínez Díaz, 1048 Como es este último historiador el que me inspiró a hacer estas páginas, esta es la fecha que daremos por buena.
De entre el árbol genealógico de Rodrigo Díaz podemos destacar los apellidos Laínez, Fernández, Bermúdez, Rodríguez, Nuñez y Alvarez, todos ellos ilustres de Castilla y poseedores de varios castillos.
El nombre de su padre, Diego Laínez, de su madre sólo se el apellido Rodríguez. El nombre del Cid, Rodrigo, se cree le fue puesto en honor a su abuelo materno Rodrigo Alvárez. Esto hace suponer que la familia materna tenía mayor relieve social, ya que la costumbre de la época era tomar el nombre del primer hijo del abuelo paterno.
La ruta del Cid
Ver Ruta del cid en un mapa más grande
Línea de tiempo del Cid
EL LIBRO DEL MIO CID
Aquí tenéis el argumento del libro
1048 El nacimiento del Cid
Sobre el lugar de nacimiento de Rodrigo Díaz no hay ninguna duda: Vivar. El Cid es de Vivar. Sin embargo no existe ninguna referencia a la fecha de su nacimiento:
Menendez Pidal propone 1043
Ubieto Arteta habla de 1054-1060
Gonzalo Martínez Díaz, 1048 Como es este último historiador el que me inspiró a hacer estas páginas, esta es la fecha que daremos por buena.
De entre el árbol genealógico de Rodrigo Díaz podemos destacar los apellidos Laínez, Fernández, Bermúdez, Rodríguez, Nuñez y Alvarez, todos ellos ilustres de Castilla y poseedores de varios castillos.
El nombre de su padre, Diego Laínez, de su madre sólo se el apellido Rodríguez. El nombre del Cid, Rodrigo, se cree le fue puesto en honor a su abuelo materno Rodrigo Alvárez. Esto hace suponer que la familia materna tenía mayor relieve social, ya que la costumbre de la época era tomar el nombre del primer hijo del abuelo paterno.
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